dilluns, 8 de febrer de 2010

Despertar

Observaba el mundo con los ojos cerrados por si un golpe de viento le robaba una lágrima; andaba por andar, sin saber a dónde ir, sin saber cuando parar, ella sólo andaba porque le daba miedo sentarse a pensar. La luz se colaba entre sus párpados, incluso las miradas se filtraban a través de sus pestañas, pero ella seguía sin abrir los ojos: no quería más dosis de realidad. Talvez estaba volviendo de nuevo al blanco, a su tan temido blanco.

Y sus pies andaban sin pisar, flotaba sobre aquel suelo frío, duro y escarchado. Y sus labios cerrados, para no soltar su voz, se pusieron hasta morados de tanto apretar. Llegó el momento: tenía que abrir los ojos. Seguiría andando, pero con los ojos abiertos, los pies en el suelo y su voz como una gran llamarada extendiéndose por el bosque.

Era la hora de despertar.